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sábado, 9 de marzo de 2013

Tiempo atrás.

A veces, miramos a nuestro alrededor, y no vemos lo que de verdad tenemos delante. Nos pasamos una vida buscando algo que nos haga feliz, sin tener en cuenta que durante esa búsqueda, ya hemos palpado la felicidad más de una vez, sin saberlo.
De pronto, un día, estamos tumbados en la cama, escuchando música, y recordamos sucesos, que no tuvimos en cuenta, un momento en el que reíste hasta más no poder, el simple hecho de que la persona que te gustaba te mirase y se fijase en ti, ir un día a la piscina con tus amigos, salir por la noche y correr por las calles riendo, hablar por móvil hasta las tantas de cualquier tontería sin importarte la hora a la que te tenías que levantar al día siguiente, una película que te emocionó tanto que lloraste y otra que te dio tanto miedo que casi dejas sin respiración a quien estaba a tu lado abrazándole, tu primer beso, que para ti no fue con al primero que besaste, si no al último, esos días solos en su casa riéndoos y abrazándoos, esas conversaciones por msn con tus amigas que sentías la obligación de borrar para que no las leyesen tus padres, la sonrisa de estúpida que se te quedaba en la cara cuando hacías reír a alguien sin importarte como.
Momentos del pasado, en los que ahora te das cuenta de que fuiste feliz.

domingo, 24 de febrero de 2013

Día negro.

Bueno, supongo que hoy tengo uno de esos días en los que el mundo se te viene encima.
Si lo pienso, las cosas por las que me siento mal a veces, son tonterías, por lo que las aparto a un lado, pero poco a poco, esas tonterías se van acumulando cada vez más, hasta que me cubren, me asfixian y hacen que explote.
En momentos como ese, suelen decirte que llorar no va a arreglar nada, y lo sé, sé que el hecho de que de mis ojos caiga "agua" no va a solucionar ninguno de mis problemas, pero ayuda a que me desahogue.
En días como estos, comienzo a cuestionar mi existencia, ¿vosotros no lo hacéis? y bueno, no sé realmente que pensar de mi cuando me descubro tirada en la cama con el pijama puesto a las seis de la tarde, escuchando música a todo volumen.
A veces, intento hablar con alguien de esas "tonterías", pero no sirve para nada, nadie va a entender aquello que sientes en ese momento, solo tú, bueno..y la música, mi única compañera en días negros.
¿Qué si alguna vez he intentado solucionar esas pequeñas tonterías?
SI, pero, por desgracia, ahora a nadie le agrada la sinceridad, ¿en serio prefieren que les mientan? ¡No jodas!
Definitivamente, hoy es uno de esos días, en que solo puedo esperar a que él me alegre el día simplemente con un "te quiero fea" o un "te echo de menos tonta". Por suerte, los problemas se van de mi mente cuando él está a mi lado, que pena que nos podamos ver tan poco.

En fin, hoy tocaba MÚSICA ALL DAY, después, una taza de chocolate caliente y una buena serie anime tapada con una manta bien calentita.

domingo, 6 de enero de 2013

¿Quién no ha vivido esto?

La presión en mi pecho era constante, llevaba días estudiando hasta las tantas, no tenía vida social desde hacía dos semanas y ver continuamente las cuatro paredes de mi habitación imaginándome en esta las lecciones de historia que me tocaba conseguía ponerme de los nervios y tenerme atacada cada vez que intentaba distraerme viendo un rato la tele o escuchando música, y la imagen de mi profesor de historia recogiéndome el examen mientras se reía de mis respuestas venía a mi cabeza.
Eran casi las cuatro de la mañana, y tenía sueño, mucho sueño. Los ojos se me cerraban por segundos, pero no podía dormirme, tenía que seguir estudiando ya que el examen era mañana, y no podía permitirme el lujo de suspenderlo.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Eiden, trozo de mi libro.

Eiden abrió mucho los ojos, parecía haber estado esperando escuchar esas palabras todo el tiempo que había estado en mi espera. 
De verdad parecía haber estado muy preocupado esas dos semanas. 
Sentí algo muy extraño, cuando miré esos ojos marrones que me mantenían completamente embobada, algo que nunca había sentido, algo que realmente… deseaba sentir desde hacía mucho, pero que nunca había tenido la ocasión y en ese momento lo sentía, le tenía ahí delante, era Eiden. 
Era ese extraño, dulce, a veces chocante e irrespetuoso chico al que mi padre había contratado para que se hiciese responsable de mi, para cuidarme, para protegerme y mantener a mi padre al corriente de todo lo que pasase a mi alrededor, de todas y cada una de las cosas que hablase, hiciese o viese. 
En el tiempo que llevaba en la casa, pensé mil y una veces que no le necesitaba, que no necesitaba mirar sus ojos, ver su sonrisa, escuchar su voz, discutir con él, chillarle, empujarle, enfadarme con el… que no necesitaba tenerle frente a mi todo el tiempo posible, que no había deseado ni una sola vez besarle, acariciarle, pedirle que se quedase conmigo toda la noche, acariciando y acallando mi miedo.
Pero lo único que había hecho todo ese tiempo fue mentirme a mi misma, intentar convencerme de que no necesitaba nada de él, siendo la verdad todo lo contrario.
Nunca podré explicar lo que pasó después, fue algo increíble, mágico, delicioso, fue como, rozar el cielo con la yema de los dedos. 
Fue algo que, de verdad, desearía que cualquier persona pudiese sentir al menos una vez en su vida.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Mis libros 4.


—Ryan no lo entiendo, no te entiendo. –susurró ella volviéndose a tumbar y colocando una mano en su mejilla, acariciándole- Me hablas mal, me ignoras, me insultas y después, hay momentos en los que cambias radicalmente, concentras toda tu atención en mi, me tratas con dulzura, incluso... me besas, sinceramente no te entiendo. –Ginna se dio cuenta de que los labios de Ryan cada vez estaban mas cerca de los suyos- Esto es una locura.
— ¿Acaso el amor no da lugar a la locura? –susurró colocando un dedo bajo la barbilla de Ginna, haciendo que ella le mirase a los ojos.
— ¿Acaso lo que tu sientes es amor? –masculló ella con burla.
— ¿Acaso te he hablado yo de lo que siento? –le espetó él.
Ginna no supo que contestar a eso, acababa de derribar todas las murallas que esta se había impuesto para no sucumbir ante él, para no lanzarse a sus brazos cada vez que le veía.
Él aprovechó su silencio para besarla.
Ella le devolvió el beso mientras enredaba sus dedos en el pelo de Ryan.
Él se puso sobre ella, colocando su cuerpo entre las piernas de Ginna y besando su boca casi sin dejarla respirar.
Ella echó su cabeza hacia atrás, estremeciéndose de placer y dejando que él besase su cuello.
Él se quitó la camiseta, tirándola a un lado, y desabrochó los botones de la camisa de Ginna, deslizándola por su cuerpo hasta quitársela.
—Ryan yo... –susurró ella rodeándole con sus brazos.
—Lo sé. –dijo él dulcemente.

martes, 16 de octubre de 2012

Ellas.

No puedo explicar como me sentí en aquel momento. 
Fue solo un instante, en el que me di cuenta de cómo todo a mi alrededor, había cambiado. 
Ellas se había alejado de mí. 
Todas aquellas promesas, se habían roto.
Las risas, los abrazos, los llantos, los enfados, las tardes de karaoke, se habían esfumado, dejando vacío.
Un vacío oscuro y frío que me ahogaba, y me mantenía en un estado de inconsciencia permanente.
Apenas lograba escuchar las palabras huecas que mi corazón susurraba, tampoco las lágrimas sordas que mis ojos dejaban caer.
Ya no íbamos cogidas de la mano por nuestros caminos, manteniéndolos unidos.
Habíamos dejado que el tiempo nos cambiase, y que los problemas creasen agujeros irreparables en nuestra amistad, alejando nuestras manos para separarnos por completo.
Ya no éramos capaces de mirarnos a los ojos cuando nos cruzábamos por la calle.
Teníamos miedo de encontrar odio en la mirada de la otra, y de no poder soportarlo.
Poco a poco, el cielo se iba tornando mas y mas oscuro, y los colores cálidos del atardecer desaparecieron en pocos minutos.
Viendo aquel parque, no podía evitar acordarme de todas y cada una de las tardes pasadas allí.
En un silencio sepulcral, me mantuve toda la tarde contemplando el lugar donde nos conocimos. 
Extrañándolas, odiándolas, deseando que apareciesen de un momento a otro, no queriéndolas ver.
No sabía si era capaz de enfrentarlas una vez se diesen cuenta de lo que estaban haciendo, una vez se diesen cuenta de que lo estaban haciendo mal, no sabía si... quería volver a lo de siempre.

martes, 18 de septiembre de 2012

Otra de tantas entradas sobre el AMOR.

Una vez pasa el tiempo, todo vuelve a su lugar.
Las flores se marchitan y vuelven a crecer, como si fuesen amores que nacen y mueren en un cierto tiempo.
Si, de nuevo una entrada sobre el amor, ¿cuántas habréis leído ya en vuestra vida? Y lo más importante: 
¿Quién soy yo para hablar del amor?
¿Acaso si lo he sentido? ¿Acaso si lo he visto alguna vez? 
Pensamos que el amor, tiene que ser como en una película, y tienes que sentirte como se sentía la protagonista de tu película romántica favorita. Pero no, el amor no tiene explicación viable y mucho menos forma fija
Mucha gente encuentra el amor en alguien totalmente distinto a su persona, alguien de quien jamás pensó enamorarse, alguien que apenas comparte sus gustos pero los respeta, alguien que esta ahí en cada momento, alguien al que no le importe los comentarios de los demás, alguien que le quiere de verdad.
Otros, caen en esa maraña de sentimientos confusos con alguien a quien conocen de toda la vida, en quien nunca se habían fijado y sin embargo, siempre había estado ahí.
También, hay personas que encuentran a alguien con quien comparte todos sus gustos, con quien pueden hablar de todo y al que pueden contarle cualquier cosa sin importar el qué, el cuándo ni el cómo. 
También está esa gente que poco después de un desamor, encuentran a alguien en el que apoyarse y se dan cuenta, con el tiempo, de que esta persona, en poco tiempo, ha logrado encerrar sus penas en un cajón y tirado la llave, y poco a poco, con cada detalle, con cada insignificante palabra, se van haciendo felices, hasta que, a ninguno le importa el qué dirán, y se acaban lanzando a por lo que quieren.
Al caminar por la calle, he visto muchos gestos, muchos detalles, en los que verdaderamente, el amor era palpable
He visto como un anciano cogía la mano de su mujer mientras caminaban por la calle.
He visto como dos jóvenes reían sentados en un banco mientras se miraban a los ojos casi sin parpadear.
He visto como, de rodillas, un hombre le pedía matrimonio a su novia en medio de la calle, y esta, emocionada y casi sin poder contener las lágrimas, emitía un débil sollozo y un enérgico sí mientras se lanzaba a su cuello para abrazarle.
También he visto como un chico, salía de su coche y lo rodeaba para abrirle la puerta a su novia, y más tarde, cogerla de la mano y sorprenderla con un beso.
He visto parejas idénticas, con los mismos gustos, el mismo estilo, cogidos de la mano por la calle, con sus skates en la mano, y sus mochilas colgando en la espalda.
He visto como un adolescente levantaba a su novia del suelo tras caerse al intentar hacer alguna que otra acrobacia que él le había enseñado.
He visto como parejas muy diferentes el uno del otro compartían un helado tranquilamente en la mesa de una heladería sin importarles que la gente les mirase.
He visto muchas cosas, sentido otras tantas y vivido aún pocas.
Aún así, ¿alguien sabe explicarme por qué sentimos la necesidad de amar?
Yo aún no lo sé, y no creo que vaya a saberlo.
Con cada error, con cada bache, aprendemos algo y nos conocemos un poquito mejor, siempre lo he dicho.
Y he aquí, otra de tantas entradas sobre el amor.